Siguiendo al firme y laborioso intento
de la materia que mis manos guían,
poniendo en ello mi calor y aliento,
responden las ideas que se amplían.
No busco en el silencio de las cosas
alivio al fuego que en las venas llevo,
ni son mis horas tristes ni espinosas,
y en cada amanecer la piel renuevo.
Si antes las sombras fueron rigurosas,
hoy de la libertad la copa bebo.
Comparto ya la verdad de las rosas,
me entrego en carne y alma, nada debo.
No se rehízo el alma para encogerse,
ni el pecho limpio para estar cautivo;
con vibración de luz busca moverse,
al aire libre, donde encendido vivo.
No hay un amargo margen, no hay trampa
que al alma impida desplegarse:
no fue pulido el pecho para doblarse,
ni la ausencia la pasión quebranta.


